Siguen las conversaciones entre Lapid y Bennett para crear Gobierno en Israel

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El partido Likud de Benjamín Netanyahu trata de desbaratar la coalición emergente pero algunos de sus miembros reconocen que es un objetivo casi imposible.

Los contactos para crear Gobierno en Israel entre los equipos negociadores del centrista laico Yair Lapid, líder del bloque de partidos anti-Netanyahu, y el nacionalista religioso Naftali Bennett, que ayer anunció su intención de formar una coalición con él, se retomaron la mañana del lunes tras haberse extendido hasta la madrugada la noche anterior.

Representantes de Yesh Atid, partido de Lapid, y de Yamina, la formación de Bennett, mantuvieron anoche una reunión que se alargó hasta la madrugada donde «hubo progresos» para consensuar un pacto, y continúan hoy las conversaciones, confirmó un portavoz del líder centrista.

Según concretó, las negociaciones se desarrollan en paralelo con otras fuerzas como la derechista Nueva Esperanza, de Gideón Saar, o la centrista Azul y Blanco, de Benny Gantz, con las que Lapid aún no cerró acuerdos finales para una coalición que desbancaría al primer ministro, Benjamín Netanyahu, tras más de quince años en el cargo, los últimos doce consecutivos.

Está previsto que Lapid ofrezca esta tarde a las 14.30 horas (11.30 GMT) una declaración en el Parlamento durante la reunión semanal con el resto de diputados de su formación -que logró 17 escaños en las últimas elecciones de marzo- para informarles de los avances en esas negociaciones.

Después de que Netanyahu -cuyo partido Likud ganó las elecciones de marzo con 30 escaños- fracasara en su intento de conseguir una mayoría para gobernar tras las cuartas elecciones en dos años, el presidente, Reuvén Rivlin, encargó la tarea a Lapid a inicios de mayo, un plazo que acaba este miércoles.

Con el apoyo de Bennett y el respaldo de la heterogénea amalgama de partidos opositores -fuerzas de gran diversidad ideológica que van de la izquierda a la derecha y cuyo único punto en común es su animadversión a Netanyahu-, Lapid se acerca a la mayoría mínima de 61 escaños para formar coalición, pero aún no alcanzó esta cifra.

Todo dependerá de si los siete diputados de Yamina apoyan un Gobierno anti-Netanyahu -al menos uno de ellos se opone- y de si el bloque opositor recaba también el respaldo externo de la Lista Unida (6 diputados) o del islamista Raam (4), dos formaciones que representan a la población árabe de Israel.

NACIONALISTAS Y ÁRABES

Algunos de sus miembros podrían tener reticencias a apoyar un Ejecutivo integrado por partidos de tradición nacionalista y de derecha como Yamina o Nueva Esperanza, con gran predicamento entre los colonos y favorables a la anexión israelí de Judea y Samaria (nombres bíblicos de Cisjordania).

Hoy mismo, Aida Touma-Sliman, parlamentaria de la Lista Unida, aseguró que su formación no respaldará un Ejecutivo liderado por Bennett, marcado por su carrera política de corte nacionalista.

«No apoyaremos un Gobierno encabezado por Bennett. Si eso significa que tenemos que celebrar elecciones, entonces las celebraremos», dijo la diputada en declaraciones a la radio del Ejército (Galei Tzáhal).

Bennett y Lapid negocian un Ejecutivo con alternancia en la jefatura de Gobierno, en que el primero ocuparía el cargo de primer ministro los dos primeros años, y el centrista le remplazaría los dos siguientes.

Esta opción asusta menos a Raam, que en los últimos meses se mostró más pragmático en su voluntad de apoyar un nuevo Gobierno, y su líder Mansour Abbás, mantiene «intensas negociaciones con el bloque anti-Netanyahu» para alcanzar un pacto de coalición, según la emisora pública Kan.

En caso de llegarse a un acuerdo, el apoyo de sus cuatro escaños podría acabar de decantar la situación a favor de Lapid y Bennett y en contra de Netanyahu, dando lugar a una amplia coalición de gran diversidad ideológica, que por primera vez juntaría a partidos árabes y nacionalistas israelíes.