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Para el papa Francisco los candidatos al sacerdocio o la vida consagrada, necesitan tener buena formación, además de madurez humana y afectiva. En su nuevo libro “La fuerza de la vocación”, de Publicaciones Claretianas, que será lanzado el 3 de diciembre, hay un fragmento donde ilustra esa opinión.

“Es algo que me preocupa, porque tal vez en un momento no se enfocó bien”, indicó. El papa enfatizó que es necesario oír también la voz de la experiencia que la Iglesia tiene. Cuando no se cuida el discernimiento en todo esto, los problemas crecen, por lo que los formadores deben ser exigentes en ese punto.

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“En nuestras sociedades, parece incluso que la homosexualidad está de moda y esa mentalidad, de alguna manera, también influye en la vida de la Iglesia”, escribió.

Describiendo su experiencia religiosa, citó que ya ha habido en una iglesia “varios sacerdotes homosexuales” y que él necesitó intervenir en su formación “para tener un clero distinto”.

“Es una realidad que no podemos negar”, afirmó recordando que también hay muchos religiosos que se profesan gays. Aunque muchos lo consideran normal y clasifiquen como una expresión de afecto. “Eso es un error. No es sólo expresión de un afecto. En la vida sacerdotal ese tipo de afecto no tiene lugar “, advirtió.

A continuación, señaló que “a los sacerdotes, religiosos y religiosas homosexuales, hay que aconsejarles a vivir íntegramente el celibato” y dijo que “es mejor que dejen el ministerio antes que vivir una vida doble”.

Para el Papa, las personas con neurosis y desiquilibrios fuertes no deben ser aceptadas para una vida consagrada. “Hay que ayudarles para que se encaminen por otro lugar, no hay que abandonarlos. “Hay que orientarlos, pero no debemos admitirlos”, concluyó.

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