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Un periódico ha publicado las estremecedoras revelaciones de un informe aún no divulgado sobre el cambio climático en las regiones del norte de Rusia.

La temperatura media del aire en las regiones árticas de Rusia en 2017 estuvo 3,23 grados Celsius por encima de la norma climática. Esa subida significa que el calentamiento llegó a su récord en lo que va del siglo XXI, revela un esbozo de informe del Ministerio ruso de Recursos Naturales que el periódico Izvestia recoge este lunes.

El cambio implica varias consecuencias importantes, tanto biológicas como económicas, estiman los expertos. La más crucial es que el hielo del océano Glaciar Ártico podría derretirse completamente durante los veranos, lo que por un lado haría que el transporte de mercancías por ese océano fuera mucho más rápido y barato, pero por otro sometería a las regiones costeras a grandes peligros.

El volumen de precipitaciones en el Ártico ruso en el 2017 superó la norma en un 13%. La divergencia máxima con la pluviosidad normal fue registrada en su sector oriental, que corresponde a los territorios de la república rusa de Sajá (Yakutia) y la península de Chukotka. Allí la temperatura anual aumentó en 4,07ºC respecto a la normal.

En el ministerio califican de “crítica” esta subida térmica. El aumento de la temperatura conlleva el derretimiento del permafrost, algo que amenaza con destruir infraestructuras como fundamentos de edificios o vías de transporte, además de reducir el periodo de congelación de los ríos, que en esas regiones se convierten en vías de comunicación durante los meses fríos. También se verá alterada la velocidad del viento, cuyas ráfagas son especialmente peligrosas para las plataformas petroleras del lecho marino de poca profundidad.

Aceleración sin tregua
El aumento de las temperaturas medias anuales se registra en las regiones árticas desde los años 1970, pero se ha acelerado drásticamente en el siglo XXI.

El pronóstico ministerial es poco alentador, destaca el diario. El calentamiento continuará y depende de las “futuras concentraciones de gases de efecto invernadero y otros impactos antropogénicos”. Las abundantes precipitaciones en el Ártico ruso continuarán, al igual que los “cambios en los niveles de la nieve, el hielo y el permafrost”.

El jefe científico de la Agencia Hidrológica y Meteorológica de Rusia, Román Vílfand, destacó en declaraciones a Izvestia que la temperatura media anual aumenta tres veces más rápido en las zonas árticas que en las latitudes meridionales. A partir de esta dinámica, es previsible que el océano Glaciar Ártico pierda por completo sus hielos durante la estación veraniega y que las regiones costeras queden inundadas.

La protección del medioambiente en el Ártico es uno de los objetivos de las políticas de Estado de Rusia, reseña el informe. Por ese motivo, junto con las medidas contra el cambio climático global, las autoridades rusas priorizan el establecimiento de condiciones especiales de explotación de la naturaleza, el reciclaje de los desechos industriales tóxicos y medidas de seguridad química.

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