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Una estadística de la Fiscalía Nacional reveló que las 48 investigaciones vigentes en julio se convirtieron en 119 en agosto y que los 68 investigados pasaron a ser 167 imputados.

La participación de fiscales en las investigaciones de abuso sexual del clero a menores de edad aumentó en Chile drásticamente en poco más de un mes. El escándalo que empapa a la Iglesia católica local ha obligado a varios obispos a dar a conocer delitos de sacerdotes que mantenían ocultos.

Una estadística entregada este viernes por la Fiscalía Nacional revela que las 48 investigaciones vigentes en julio aumentaron a 119 al 31 de agosto y que los 68 investigados se elevaron a 167 imputados, lo que implica que algunos fiscales ya los indagan por delitos concretos.

Las víctimas en julio eran 104 menores. En agosto fueron 79 menores, 15 adultos y apareció la categoría de 84 “sin información”, sumando 178 en total.

El informe no detalló por qué bajaron las víctimas menores de edad, pero podría deberse a que a algunos persecutores les faltaría precisar la edad de las 84 personas que aparecen sin información.

Entre los investigados por fiscales en grandes y pequeñas ciudades chilenas también hay hermanos de congregaciones religiosos -que no son sacerdotes-, entre los que destacan maristas y salesianos.

En julio había tres obispos y 31 curas indagados. A fines de agosto eran siete y 96, respectivamente.

El adalid de los fiscales y quien concentra más casos es el persecutor de la cercana región de O´Higgins, Emiliano Arias, quien inició una serie de allanamientos a diócesis y a tribunales eclesiales, incluso en Santiago, lo que le permitió reunir información que lo llevó a citar a declarar como inculpado de encubrimiento, en un hecho inédito en Chile, al arzobispo de Santiago, cardenal Ricardo Ezzati.

Uno de sus colegas, Raúl Guzmán, allanó el obispado castrense y al terminar de decomisar la información advirtió que a diferencia de los obispos de las otras diócesis -que no estaban obligados por ley a denunciar a los abusadores bajo sus mandatos- sí era imperativo que lo hicieran en el obispado de las fuerzas armadas, pues son además de obispos funcionarios públicos que reciben sueldos millonarios.

Cuando el papa vislumbró en marzo la magnitud de la crisis de la iglesia católica chilena, mandó a sus dos mejores investigadores a profundizar en el tema y éstos le entregaron un informe de 3.200 páginas. Francisco dijo luego que la iglesia de Chile vive desde hace décadas en una “cultura de abuso y encubrimiento” y les pidió a todos los obispos activos sus renuncias, de las cuales hasta ahora sólo ha aceptado cinco.

Desde que estalló el decline de la iglesia chilena tras la visita del papa al país en enero de este año, muchos obispos empezaron a revelar a cuentagotas viejos casos de curas que incluso habían sido sancionados por la congregación vaticana que indaga los abusos a menores, aunque los feligreses no lo sabían.

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