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La mayor amenaza para el supervolcán de Yellowstone no es que entre en erupción, sino un terremoto de magnitud 7. Si bien muchos son los que alertan de que el supervolcán del parque nacional podría acabar estallando, otros advierten de que el mayor peligro es que el sismo sacuda una zona que ya es muy sensible.

Es lo que asegura Michael Poland, científico a cargo del Observatorio del Volcán de Yellowstone. En una entrevista con USA Today, Poland advierte de que “el peligro de un terremoto de magnitud 7 en la zona de Yellowstone se está subestimando”, y añade que en el futuro acabará teniendo lugar.

Sin embargo, Yellowstone no es ajeno a los sismos. El área registra de media entre unos 1.500 y 2.500 terremotos al año, la mayoría de ellos tan pequeños que pasan desapercibidos. Ocurren prácticamente cada día aunque quienes visiten el parque no se den cuenta. Solo los sismógrafos.

El último gran terremoto que sufrió Yellowstone se registró en 1959. Si bien fue de magnitud 7,3, no despertó a la bestia que duerme bajo el parque natural porque para que un sismo de esas dimensiones cause una erupción volcánica “probablemente lo que se necesita es que esa erupción esté a punto de ocurrir”, añade Jamie Farrell, profesor de geología en la Universidad de Utah (EEUU). Farrell tranquiliza al personal.

“Nos gusta hablar de que va a pasar algo brutalmente grande, como potentes terremotos o enormes erupciones volcánicas, pero son fenómenos muy, muy improbables. Es más probable que te pase algo en la carretera de camino a Yellowstone a que alguna de estas cosas ocurran mientras estás en el parque”, asegura.

Sin embargo, hoy en día es más probable que un terremoto como el de 1959 vuelva a pasar porque, como advierte Poland, son fenómenos que “pueden ocurrir durante el transcurso de una vida”. El problema está en que los terremotos de grandes dimensiones no avisan. “Podemos decir dónde es más probable que pasen, pero no cuándo lo harán”, advierte.

El parque nacional de Yellowstone es una zona volcánica muy sensible y las consecuencias de que la caldera de magma que hay en su interior acabe saltando por los aires serían catastróficas. De ahí que se haya convertido en una de las zonas geológicamente mejor vigiladas y controladas del mundo. Son más de 40 las estaciones sísmicas que, junto con la Universidad de Utah, registran sin descanso los movimientos terrestres dentro y cerca de la región.

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