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Científicos explicaron que por primera vez obtuvieron la evidencia de que ciertos organismos multicelulares pueden mantener la vida en criopreservación durante un prolongado período de tiempo.

No es la primera vez que oímos hablar de organismos capaces de resucitar tras pasar miles o incluso millones de años congelados, pero los protagonistas de esa proeza suelen ser bacterias. Volver del hielo es un truco mucho más difícil para los organismos complejos. Estos humildes gusanos acaban de lograrlo.

Los gusanos pertenecen a una amplia familia con más de 25.000 especies llamadas nematodos. Un equipo de biólogos rusos ha hallado estos pequeños organismos congelados en el permafrost de Siberia. Después de dejarlos unas semanas a una temperatura de 20 grados Celsius, han comprobado con asombro como recuperaban poco a poco las funciones vitales. Llevaban congelados 42.000 años.

Los biólogos han descartado que los organismos puedan provenir de una contaminación. Normalmente los nematodos no profundizan mucho en el suelo, y estos han aparecido en muestras obtenidas a profundidades de más de 3,5 metros donde la tierra no está sujeta a cambios estacionales. Sencillamente lleva miles de años congelada en la fría tundra siberiana.

La cifra pulveriza el anterior récord de los nematodos, que estaba en 39 años. De hecho, supera por goleada el récord de una especie emparentada con ellos y sobre la que se he escrito mucho por su singular resistencia: los tardígrados. El caso más extremo de un tardígrado recuperando las funciones vitales tras un prolongado período de hibernación es de 30 años.

Los tardígrados son capaces de evitar el daño celular reparando su propio ADN y cristalizando sus tejidos en caso de necesitar dormir durante un largo período de tiempo para evitar condiciones extremas de humedad (ambientes sin agua) o temperatura (frío extremo). Estudiar los mecanismos biológicos que han permitido a los nematodos sobrevivir durante 42.000 años es de gran importancia para lograr avances prácticos en criomedicina, pero también en astrobiología. Quizá en un futuro sean la clave para desarrollar sistemas de criogenización de seres humanos para viajes espaciales interestelares.

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