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El Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS en inglés), – centro de investigación con sede en Londres y con 20 años de historia, catalogado dentro de los mejores 15 del mundo de acuerdo al Global Go To Think Tank Inde – publicó uno de los estudios más importantes relativos a muertes violentas en regiones con conflictos armados, donde se revela un dato que debe de llamarnos fuertemente la atención: México es el segundo país más violento del mundo, sólo detrás de Siria, sumando más de 23 mil muertos en 2016; cifra que equivale a 63 homicidios diarios.

Para entender un poco mejor la proporción de esta cifra, basta con entender que estamos muy por encima de países como Afganistán, que suma 17 mil muertos, o inclusive Irak, que suma 16 mil. Somos sólo superados por Siria, que suma más de 50 mil muertes en medio de una guerra civil internacional. México es el único país de América en los primeros diez lugares del estudio, liderando el ranking junto a países de Oriente Medio y la África Subsahariana como Yemen, Somalia, Sudán, Turquía, y Nigeria. Un dato aún más escalofriante que sorprende a los analistas, es la crueldad de los asesinatos; pues a diferencia de las muertes en otros países que se dan con artillería, tanques o aviones de combate, en México los homicidios se dan con armas cortas y blandas, dentro de territorios urbanos que coexisten con la sociedad civil.

El aumento de violencia ha sido generalizado en toda la República Mexicana, pues se informa que de las 32 entidades federativas 25 registraron aumentos en homicidios, con crecimientos escandalosos en rangos de un 911% en Baja California Sur, 20% en Sinaloa, 100% en Veracruz, 67% en Baja California, y 29% en Puebla, entre otros. La violencia por lo tanto, está tocando la puerta de las casas de los mexicanos.

Es momento de que nos detengamos, y pensemos si realmente este escenario sigue siendo consecuencia de la “guerra” interna entre cárteles del narcotráfico. Simplemente son demasiadas decenas de miles de muertes como para simplificar el contexto de nuestro país en dicha conclusión. Es momento de verdaderamente hacer un estudio estructural de la situación de pobreza, falta de educación y precarización e informalidad del empleo en México. Si no atendemos dichas áreas estratégicas inmediatamente, el país se puede salir de control. Es momento de que los nuevos liderazgos políticos y empresariales despierten a la realidad mexicana.

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