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¿Qué pasa cuando las dos mayores economías del planeta entran en guerra?

En el primer minuto de este viernes, Estados Unidos comenzó a aplicar aranceles sobre cientos de productos chinos por valor de US$34.000 millones anuales.

China acusó a Estados Unidos de iniciar la “mayor guerra comercial en la historia económica” y Pekín ya tomó medidas de represalia.

“El lado chino, después de haber prometido no disparar primero, se ve obligado a organizar contraataques para proteger los intereses de su pueblo”, dijo el Ministerio de Comercio chino.

  • Qué es una guerra comercial, cuáles son sus armas y quiénes son sus principales víctimas.
  • Para Trump “las guerras comerciales son buenas”: cómo pueden afectar a América Latina los aranceles al acero y aluminio.

Y si la cosa sigue escalando, el precio lo podemos terminar pagando todos: es cierto que no es una guerra real, pero nadie sabe cómo puede acabar.

Ojo por ojo

Para empezar, numerosos productos chinos se verán afectados por aranceles del 25% a partir de este viernes.

Y esto provocará que sean un 25% más caros para los consumidores estadounidenses.

Esto incluye productos tecnológicos como chips semiconductores, los que son ensamblados en China y son necesarios para productos de nuestro día a día, como televisores, computadoras, celulares y vehículos.

También una gran variedad de productos desde plásticos a reactores nucleares.

Pero según el Instituto Petersen de Economía Internacional, más de un 90% de los productos que se verán perjudicados por los aranceles estadounidense están hechos de productos intermedios o bienes de capital: es decir, son productos que se necesitan para hacer otro tipo de productos.

Y esto significa que los aranceles podrían impactar en otros bienes, no necesariamente comercializados exclusivamente en EE.UU.

Aunque lo que Estados Unidos de verdad busca perjudicar con sus medidas son los productos enmarcados en la iniciativa china del “Made in China 2025” (Hecho en China 2025).

La respuesta china

Como represalia, China ha atacado estos sectores:

  • La industria agrícola: los agricultores estadounidenses, bastión del presidente Trump. Alrededor del 91% de los 545 productos a los que China está gravando pertenecen al sector agrícola
  • El sector automovilístico: empresas como Tesla y Chrysler fabrican en Estados Unidos y los productos que envíen a China se verán afectados
  • Productos médicos; carbón; petróleo (pero solo ligeramente)

 

“Considerando que China crece al 6-7% y Estados Unidos al 2-3% anual, creemos que el daño puede ser peor para EE.UU. que para China”, dice Taimur Baig.

Pero países como Corea del Sur, Singapur o Taiwán también pueden verse afectados, por las alteraciones en la cadena de suministro.

China obtiene muchos de los componentes que acaban en sus productos terminados de estos países. Como apunta Nick Marro, de la Unidad de Inteligencia Económica, “cualquier cambio en el flujo de exportación de China afectaría inevitablemente” a estos países.

La situación también podría derivar en un cambio en los flujos de manufactura hacia esos países, o a que estos países se aprovecharan y vendieran a Estados Unidos, pero ese cambio requeriría tiempo, y es difícil imaginar quién podría igualar la escala de la demanda de China.

Y, al final, todos los consumidores acabarían pagando más por esos productos.

¿Cuánto puede empeorar la situación?
Es la pregunta que hace cada empresario con el que me encuentro, y la respuesta es casi siempre la misma: nadie lo sabe.

Si la historia sirve de guía, las guerras comerciales pasadas provocaron un profundo malestar económico. En particular, se cree que los aranceles estadounidenses Smoot-Hawley promulgados en 1930 inspiraron una guerra comercial y condujeron a una caída masiva en el comercio mundial.

Como señala un estudio, el comercio mundial disminuyó en un 66% entre 1929 y 1934, mientras que las exportaciones e importaciones de Estados Unidos hacia y desde Europa también cayeron en alrededor de dos tercios.

Aunque nadie dice que estemos en ese punto todavía, las empresas están más preocupadas que antes, especialmente por toda la incertidumbre.

La mentalidad de “ojo por ojo” entre Pekín y Washington podría conducir a ambas partes a no querer bajarse de sus posiciones hostiles por temor a perder.

Pero lo que muchos empresarios esperan, por supuesto, es que esta furia sea el comienzo de otra serie de negociaciones.

La preocupación es que si no lo es, escalará y todos seremos más pobres. Y eso nos incluye a ti y a mí.

 

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