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La alianza atlántica reconoce que “los buenos viejos tiempos” cuando podía operar libremente en zonas de combate como Afganistán, Libia y Serbia “han terminado”, afirma un analista.

La nueva estrategia de poder aéreo de la OTAN (Joint Airpower Strategy, o JAP) hace “una admisión sorprendente”: que la Alianza puede perder el control de los cielos, sostiene el analista Michael Peck en un artículo para The National Interest.

El documento de la OTAN, publicado esta semana, asevera, entre otras cosas, que “el futuro entorno operativo puede ser uno en el que la superioridad aérea no pueda garantizarse al inicio de las operaciones ni, una vez obtenida, ser una condición duradera”.

Asimismo, los estrategas militares reconocen que los días en que los ataques aéreos podían llevarse a cabo prácticamente sin riesgos han terminado, debido a que las defensas aéreas son más letales y a la guerra cibernética. “Las fuerzas necesitarán la capacidad de operar a pesar de la existencia y la proliferación de tales capacidades”, estima el documento.

De hecho, la estrategia advierte que “ganar la guerra de la información puede ser tan importante como ganar la guerra en el aire”. E insta a la OTAN a mejorar la resistencia de sus sistemas de mando contra el pirateo y el bloqueo.

“Los buenos viejos tiempos han terminado”
A juicio de Peck, la alianza atlántica admite que “los buenos viejos tiempos” en que podía operar libremente en zonas de combate como Afganistán, Libia y Serbia “han terminado”.

Si antes la Unión Soviética era “la única amenaza a la que se enfrentaba la alianza”, ahora las fuerzas aéreas de la OTAN “deben estar preparadas para enfrentarse a un mundo de naciones canallas, grupos terroristas y guerra cibernética”, sin mencionar “el resurgimiento de Rusia” por primera vez desde el final de la Guerra Fría, advierte el autor del artículo.

Sin embargo, aunque los cielos pueden ser ahora “más hostiles”, la OTAN “no tiene más remedio” que desarrollar su poderío aéreo, ya que, a pesar de todas las dificultades, “la alternativa es poner las botas en el suelo”, y esa es “una perspectiva que le gusta aún menos”, concluye Peck.

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