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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo esta semana que “todas las cartas” estaban “sobre la mesa”, después de que Corea del Norte disparara un misil que sobrevoló territorio japonés.

Pero, ¿cómo sería una acción militar contra el régimen de Kim Jong-un?

A los residentes de la isla nipona de Hokkaido se les advirtió que buscaran refugio cuando el misil balístico surcó por sus aires.

El lanzamiento fue un acto provocador al que siguieron amenazas norcoreanas de que se trataba sólo de un “primer paso”.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) y varios países estudian nuevas sanciones a Corea del Norte al mismo tiempo que Trump anunciaba estar evaluando qué hacer a continuación.

Pero, si bien Estados Unidos cuenta con una capacidad militar sin igual, la gama de alternativas que podría usar contra esta nación hermética es, en realidad, limitada.

Opción 1: ‘Contención mejorada’

Esta es la opción menos arriesgada pero discutiblemente menos efectiva.

Simplemente se utilizarían despliegues que hace ya tiempo están posicionados pero que han tenido poco éxito a la hora de impedir que el gobierno de Pyongyang lanzara el misil balístico sobre Japón y que el programa nuclear norcoreano avanzara.

Estados Unidos podría mover más efectivos terrestres a Corea del Sur.
O usar defensas terrestres como el polémico sistema Thaad, artillería pesada y vehículos blindados para demostrar su disposición a utilizar la fuerza a la hora de respaldar sus demandas.

Sin embargo, Corea del Sur paralizó el despliegue actual del Thaad y rechaza enérgicamente cualquier incremento de fuerzas estadounidenses en su territorio, pues le preocupa provocar a su vecino del norte.

En efecto, vista la reacción de Corea del Norte ante los ejercicios binacionales que los ejércitos estadounidenses y surcoreanos realizan cada año, es casi seguro que interpretaría los movimientos antes mencionados como un preludio a una invasión terrestre.

Sin duda, China y Rusia también protestarían con vigor y ellos sí tienen el poder necesario para complicarle la vida al gobierno de Trump en otras áreas como Europa del Este o los mares del sur y del este de China.

La Marina estadounidense podría aumentar su presencia alrededor de la península coreana enviando másdestructores capaces de disparar misiles balísticos y, posiblemente, desplegando un segundo grupo de combate.

En paralelo a las alternativas navales, la aviación de EE.UU. podría reforzar su potencial aéreo directo con más escuadrones de ataque, tanques de apoyo, aviones de vigilancia y bombarderos pesados en sus bases de Guam, Corea del Sur y Japón.

No obstante, tanto la Marina como la Fuerza Aérea tienen tanta carga de trabajo alrededor del mundo que están sintiendo el impacto de más de una década de despliegues continuos de alta intensidad con los que ha servido de apoyo a operaciones como las de Irak y Afganistán.

Pero aun más importante, tal vez, es que el tiempo está a favor de Corea del Norte, ya que un incremento de la presencia militar de EE.UU. por sí solo no le forzaría a cancelar su programa de armas nucleares, que crece con rapidez, ni sus pruebas con misiles.

Y cualquier declaración que intenciones de derribar estos misiles norcoreanos que traspasan su espacio aéreo hacia el de otros países requeriría de por sí un mayor incremento de las fuerzas navales estadounidenses alrededor de la península.

Piongyang tiene un gran arsenal de misiles balísticos.
Y los misiles antibalísticos con los que cuenta EE.UU. son extremadamente caros. A esto se suma que cada barco cuenta con sólo unos pocos.
Por lo tanto, Corea del Norte podría abrumarlos y agotar las reservas de la Marina, que quedaría vulnerable y obligada a volver a puerto.
Una política como esta representaría un desafío al régimen de Kim Jong-un demasiado caro y, probablemente, insostenible, así como una escalada peligrosa hacia un conflicto militar directo.

Opción 2: Golpes quirúrgicos

Las fuerzas aéreas y navales de EE.UU. poseen las capacidades para dar los golpes quirúrgicos más avanzadas del planeta.
A primera vista, puede parecer una propuesta atractiva disparar misiles de precisión Tomahawk desde submarinos en la costa norcoreana y atacar con bombarderos furtivos (indetectables para los radares) B-2 posiciones nucleares estratégicas e instalaciones de misiles balísticos.

Sin duda, se podría infligir graves daños a objetivos de gran valor, ya que existen infraestructuras enterradas a grandes profundidades y fortalecidas pero vulnerables a la bomba GBU-57, de 13,6 toneladas.

El peligro inmediato para los aviones estadounidenses dependerá de muchos factores que incluyen el grado de advertencia recibido por Corea del Norte, el número de ataques lanzados y la contribución de aviones detectables por radares dentro del alcance de sus defensas.

Sin embargo, el estado de los equipos militares de las fuerzas armadas de Corea del Norte es difícil de conocer, ya que son una mezcla de sistemas de radares y misiles aéreos chinos, soviéticos y de fabricación local, algunos de los cuales datan de hace al menos 50 años.

Tiene una de las fuerzas de seguridad menos transparentes del planeta, que han sido modificadas y actualizadas hasta un grado desconocido, y su rapidez para reaccionar es difícil de valorar.

Si Estados Unidos llegara a perder aviones por culpa del fuego enemigo o por algún accidente, tendría que enfrentarse a la pesadilla de verse obligado a intentar rescatar a su tripulación o abandonarlos a un destino, que acabará siendo bastante mediático.

Aun más relevante, sin embargo, es el hecho de que incluso si los ataques a instalaciones nucleares o de misiles, a centros de mando o de liderazgo tuvieran éxito, esto no evitaría que Corea del Norte tomara represalias.

Su ejército todavía tendría la capacidad de infligir casi inevitablemente daños devastadores a Corea del Sur, un aliado de Estados Unidos, en un contraataque inmediato.

Esto consistiría en más de un millón de soldados y, según algunas estimaciones, más de 6 millones de reservistas y tropas paramilitares.

Un gran número de elementos de artillería, la mayoría de ellos instalados cerca de la zona desmilitarizada, incluyen centenares que podrían alcanzar la capital surcoreana, Seúl, hogar de alrededor de 10 millones de personas.

Hasta a los militares estadounidenses les tomarían días eliminar por completo estas baterías, que son capaces de disparar decenas de miles de proyectiles y misiles durante todo ese tiempo.

El daño catastrófico que estas baterías podrían causar en una ciudad moderna y llena de gente, así como en las fuerzas militares surcoreanas, es el motivo por el que el Seúl se opone a cualquier acción militar preventiva contra Corea del Norte.

Incluso sin un arma nuclear utilizable y sin invadir de forma enérgica Corea del Sur, el régimen de Kim podría ocasionar muchos perjuicios y, probablemente, la alianza entre Washington DC y Seúl tal como la conocemos terminaría.

Opción 3: Invasión a gran escala

Dado el tamaño del ejército de Kim Jong-un, el poder de su artillería, la opacidad de sus defensas aéreas y la reticencia de Corea del Sur a apoyar cualquier acción militar estadounidense, está opción sería extremadamente disparatada.

Cualquier intento de invadir Corea del Norte requeriría meses de un incremento de la presencia militar de EE.UU. en la zona, una participación a gran escala de Corea del Sur y una forma de garantizar la neutralización de las misteriosas capacidades nucleares de Pyongyang.

También costaría cientos de miles de vidas a ambos bandos.

Programa de misiles de Corea del Norte:

  • Corea del Norte lleva décadas trabajando en su programa de misiles con armas que tienen como base los soviéticos Scud.
  • Ha llevado a cabo pruebas de corto y medio alcance en muchas ocasiones, algunas veces para conmemorar eventos nacionales y otras, en momentos de tensiones regionales.
  • En meses recientes, la frecuencia de estas pruebas se ha incrementado. Los expertos dicen que Pyongyang parece estar haciendo avances en su meta de construir un arma fiable que pueda ser nuclear y de largo alcance.
  • En julio, Corea del Norte lanzó dos misiles que, según dijo, eran Misiles Balísticos Intercontinentales (ICBM por sus siglas en inglés), capaces de llegar a territorio estadounidense.
  • No hay consenso en qué tan cerca está Pyongyang de reducir una cabeza nuclear para poder incorporarla a un misil.

Además de los bombardeos de artillería, el ejército norcoreano se viene entrenando para infiltrar comandos a gran escala en Corea del Sur usando biplanos que vuelan despacio y a baja velocidad, difíciles de detectar por los radares, barcos y submarinos pequeños.

Esto se sumaría al caos y a la pérdida de vidas en caso de un conflicto de grandes dimensiones y aseguraría que los cuerpos menos numerosos pero más avanzados tecnológicamente de EE.UU. y Corea del Sur se amoldarían dolorosamente hasta hacerse más delgados.

La última vez que Estados Unidos y sus aliados se adentraron en Corea del Norte, durante la guerra de 1950, China entró en el conflicto a favor del bando norteño para evitar que se estableciera al lado de su frontera una Corea unificada alineada con Occidente.

Un resultado así todavía es algo que China no está preparada para contemplar. Esta constituye la principal razón por la que han respaldado el régimen de Kim durante tanto tiempo.

Por último, incluso si estos grandes problemas se pudieran superar de alguna manera, una invasión exitosa de Corea del Norte liderada por EE.UU. le dejaría a Seúl la responsabilidad de reconstruir un país destrozado.

Corea del Norte ha existido en un estado incomparable de manipulación psicológica, dificultades económicas crónicas y aislamiento que se ha alargado por más de 60 años.

En comparación, la tarea monumental unificar Alemania después de la Guerra Fría palidece.

La realidad es que ninguna de las opciones militares disponibles para que Estados Unidos lidie con Corea del Norte está libre de costos y riesgos significativos.

Son elementos que habrá que considerar y sopesar con las posibles consecuencias inciertas y problemática.

Este es un análisis encargado por la BBC a un experto externo.
Justin Bronk es un investigador del Instituto Real de Servicios Unidos (RUSI, por sus siglas en inglés) especializado en potencia y tecnología aérea.
El RUSI se define a sí mismo como un centro de estudios (think tank) independiente dedicado a la investigación en seguridad y defensa punta.

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