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Si alguien tiene dudas, las nuevas corrientes están generando tipos de familia que se alejan cada vez más del modelo tradicional de hombre y mujer unidos en un compromiso mutuo. Si alguien pensaba que ese camino tiene un punto de retorno o en el que iba a detenerse, se equivocaba. La pérdida de la referencia inicial, identificada con lo que los cristianos entienden en su mayoría como matrimonio bíblico, rompe cada vez más patrones. Lo demuestra el caso del transgénero Trystan Reese, de 34 años, y Biff Chaplow, de Portland, Oregon (EUA), que están esperando a su primer hijo biológico, gestado por Trystan. Trystan nació mujer, y mantiene sus órganos femeninos, pues “Nunca sentí que necesitara cambiar mi cuerpo y aseguro que no odio mi cuerpo.


Yo creo que mi cuerpo es increíble. Yo me encuentro bien siendo ‘trans’. Y nunca quise que mi cuerpo fuera diferente “. Bajo esta premisa, Trystan afirma querer reconciliar su lado masculino con la idea de querer estar embarazado. Trystan asegura que para él el proceso de masculinización pasa por “tomar testosterona, tener barba, una voz más profunda y eso es suficiente para mí”. Trystan sufrió en 2016 un aborto espontáneo, y decidió intentar un nuevo embarazo antes de reiniciar el tratamiento con testosterona -que acentúa sus caracteres masculinos- y después volverlo a interrumpir.



Junto a la figura del “padre-madre” que representa Trystan, el hijo que nacerá (y los dos adoptivos que ya tienen) tendrán a su lado a Biff Chaplow, un hombre gay que es pareja de una mujer que parece un hombre pero que está embarazado/a. Todo un rompecabezas. La imagen ha sido acogida por la ideología de género como estandarte que representa a las familias LGBT y su diversidad. No obstante, en el mismo colectivo hay quienes cuestionan el hecho e incluso su identidad de género, al señalar que es incongruente quedarse embarazado/a si se identifica como hombre.

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