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¡Busquen refugio, no se detengan! Porque yo traigo del norte calamidad y gran destrucción. (Jeremías 4:6).

El profeta escribió esas palabras hace 2,500 años, pero hoy son tan aplicables como lo fueron hace 25 siglos. Líbano, el vecino de Israel al norte, tiene más de 150,000 poderosos cohetes, proporcionados por Irán, que apuntan a todas las ciudades israelíes. Se calcula que una posible guerra con Hezbolá, la organización terrorista libanesa que sirve a Irán como testaferro, causaría cientos de víctimas civiles en Israel.




Líbano no siempre fue un enemigo de Israel. Durante la época bíblica, el rey Hiram de Tiro (ciudad que hoy cuenta con 120,000 habitantes) fue el mayor aliado y amigo de los reyes David y Salomón. A David le construyó su palacio en Jerusalem y a Salomón le proporcionó materiales y trabajadores para construir el Templo. La famosa Jezabel, esposa del rey Acab de Israel, era hija del rey de Sidón, otra ciudad que cuenta hoy con 60,000 habitantes, la tercera en tamaño en el Líbano.

Durante las primeras décadas de Israel era común decir: “No sabemos cuál es el primer país árabe que hará la paz con Israel, pero el segundo será el Líbano”. Ya no es así. El primer país árabe que firmó la paz con Israel fue Egipto. El segundo fue Jordania, y es posible que Siria, si algún día llega a su fin la cruenta guerra civil, también llegue a un acuerdo de paz con Israel. El Líbano, mientras continúe siendo dominado por Irán (a través de Hezbolá) constituye hoy el peligro más grande para Israel.




Su odio llega a extremos ridículos, como lo demostró el equipo olímpico libanés hace algunas semanas en Brasil al bloquear la entrada de un ómnibus para impedir que los atletas israelíes compartieran el vehículo.

El Líbano es un Estado que nunca existió antes del Siglo 20. Fue creado por Francia después de la Primera Guerra Mundial, al desmembrar de Siria los territorios en los cuales los cristianos tenían una presencia preponderante. Durante décadas el Líbano fue considerado el país más occidentalizado del Levante. Su capital, Beirut, era llamada “el París del Medio Oriente”.

El Líbano recluye a los descendientes de los refugiados árabes de la Guerra de 1948 en miserables campos, se niega a otorgar la nacionalidad libanesa incluso a los de segunda y tercera generación que han nacido en el Líbano, y les prohíbe desempeñar una larga lista de profesiones — todo lo cual es interesante mencionar que no es criticado por las Naciones Unidas o por los otros países árabes y no suscita protestas de la OLP ni de sus partidarios o simpatizantes.




El Líbano permitió a Arafat y a la OLP formar un ejército y atacar a Israel desde su territorio. Esto provocó la Primera Guerra del Líbano, en junio de 1982, que terminó con la mudanza de Arafat al norte de África, la masacre de palestinos en los campos de refugiados de Sabra y Shatila, realizada por la Falange, una milicia cristiana, y el auge de la secta islámica chiíta que creó la organización terrorista Hezbolá, que, años después, en julio del 2006, provocó la Segunda Guerra del Líbano.

A pesar de que la frontera entre el Líbano e Israel es reconocida internacionalmente, (a diferencia de la línea verde que separa a Israel en los mapas de los territorios ocupados en la Guerra de 1967), Hezbolá ha declarado en numerosas ocasiones que su objetivo es la destrucción del Estado judío.

FUENTE: enlacejudio.com

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